A pesar de que el sol nos
haya recargado las pilas y de que nuestro cuerpo y mente hayan gozado del
merecido descanso, reponiéndose así las energías para volver a la rutina con
ganas e ilusiones, a veces ocurre lo contrario y aparecen sensaciones de
tristeza, apatía, falta de ganas de incorporarnos a nuestro trabajo o rutina
diaria. A esta sintomatología se le conoce con el nombre de síndrome postvacacional, que no se
trataría de una patología como tal, sino de un trastorno adaptativo.
SÍNTOMAS
Sus síntomas pueden variar,
tanto en tipología como en intensidad, según la persona, su entorno y sus
responsabilidades y obligaciones, aunque se distinguen de forma general los
siguientes:
·
Bajo estado de ánimo
·
Decaimiento
·
Apatía
·
Ansiedad
·
Sensación de hastío
·
Percepción de falta de adaptación
Casi todas estas manifestaciones desaparecen a los dos o
tres días, y no suelen durar más de dos o tres semanas. Si persisten durante
más de un mes pueden desencadenar un trastorno de ansiedad generalizada o un
estrés crónico. Ante esta situación lo mejor es consultar a un especialista.
¿QUIÉNES LO SUELEN PADECER?
Las personalidades más propensas, que no las únicas, a sufrir este síndrome
son:
·
Personas planificadoras: pues suelen ser muy
organizadas, puntuales y perfeccionistas, que asumen fácilmente
responsabilidades, rasgos que pueden generar cierto agobio al tener que
adaptarse a las exigencias del trabajo.
·
Personas con perfil negativista: pues en
ellos suele aparecer la idea de que todo les va a ir mal y creen que no van a
poder enfrentarse de nuevo a los requerimientos laborales.
·
Personas inseguras: para los que habitualmente
cualquier circunstancia le provoca desconfianza y ansiedad.
ALGUNOS CONSEJOS
·
Intentar regresar a tu hogar varios días
antes de la incorporación al trabajo. La vuelta de vacaciones el día antes de
comenzar la jornada supone un cambio muy brusco de entorno que puede propiciar
la aparición de los síntomas arriba comentados. Es conveniente ir adaptando la
psique a adaptarse a la nueva rutina de forma lo más gradual posible.
·
Intentar mantener una alimentación
equilibrada, incluso en días de vacaciones. De este modo estará nuestro cuerpo
mejor preparado para la adaptación.
·
Realizar ejercicio físico. Gracias al cual
liberaremos la ansiedad, proporcionaremos un mejor descanso y mantendremos un
comportamiento disciplinado.
·
Adaptar los horarios a los habituales de
forma suave y progresiva. Así la adaptación de los ritmos circadianos se
realizará en el entorno vacacional, encontrándonos preparados para los requerimientos
físicos de nuestro trabajo.
·
No sobrecargarse desde el primer día. Es
importante que fijemos los objetivos y tareas a realizar y que distribuyamos en
el tiempo su ejecución de modo que no nos veamos estresados desde el principio.
·
Intentar no llevar el trabajo a casa, al
menos durante los primeros días.
·
Aprovechar el tiempo de ocio para hacer
tareas agradables, como pasear con amigos o reunirse con familiares.
·
Practicar la relajación de forma regular, así
ayudamos a eliminar pensamientos negativos.
·
Respetar las horas de sueño.


